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domingo, 26 de septiembre de 2010

Caminando hacia el río

En medio de la noche, sueño que voy caminando.  Descendiendo desde las montañas de la fe hasta llegar al profundo río.  Debo estar buscando algo, es algo sagrado que perdí.  Pero el río es tan ancho y difícil de atravesar...

Y aunque se que el río es ancho, yo camino cada noche y me detengo a sus orillas; intentando llegar al otro lado para así encontrar lo que he estado buscando.

En medio de la noche, voy caminando dormido a través del valle del miedo hacia el río más profundo.
He estado buscando algo que me fue quitado del alma.  Algo que yo jamás perdería, algo que alguien me robó.

Y no se por qué camino siempre de noche, pero ahora estoy cansado y no quiero caminar mas.  Sólo espero que no me tome el resto de mi vida el encontrar lo que he estado buscando.

En medio de la noche voy caminando dormido, a través de la jungla de la duda hacia el río tan profundo.  Se que estoy buscando algo, algo tan indefinido; que solo puede ser visto por los ojos de los ciegos, en medio de la noche...

No se si habrá una vida después de esta, Dios sabe que nunca he sido un hombre espiritual; bautizado por el fuego, me meto en el río que corre hacia la tierra prometida.

En medio de la noche sueño que voy caminando a través del desierto de la verdad hasta llegar al profundo río.  Todos terminamos en el mar, y todos comenzamos en los arroyos; todos somos llevados por el río de los sueños, en medio de la noche...

Traducción libre de esta excelente canción de Billy Joel a la que sólo agregaría: Y cada paso que doy, me acerca más a mi destino...  C'est la vie.

I must be looking for something, something so undefined,
that it can only be seen by the eyes of the blind
in the middle of the night.

domingo, 1 de agosto de 2010

Vidas ambulantes

Hace unos dias veía el anuncio del documental "Vidas Ambulantes", que se presentará la semana próxima.  El tema es de los vendedores, músicos y otras personas que trabajan en la calle.  Inevitablemente el trailer me transportó a la esquina de Granville y Dunsmuir, aquí en Vancouver.  Paso por ahí todos los días para llegar a un curso que estoy tomando.

Pues resulta que en el suelo de esa esquina se sienta un anciano a pedir dinero mientras toca su guitarra.  Sí, aquí también pasa.  Y me sucedió de nuevo.  El lunes que lo ví por primera vez, a medio día, me inundó de tristeza.  Nomás fue verlo y escucharlo y sentí otra vez ese hoyo en el pecho, esa honda sensación de vacío.  Otra vez el abuelo Paco, justo ahí frente a mi.

Por lo menos ahora entiendo por qué me pasa eso.  Reconozco la tristeza, la ternura, el cariño que estas personas me transmiten cuando reconozco en ellos la imagen que tengo de mi abuelito.  De alguien marginal, en la periferia de la sociedad.  Un artista, un sabio, un genio abandonado a la autodestrucción por el alcoholismo.

El abuelo Paco tocaba la guitarra, magistralmente.  Hablaba inglés, hablaba francés.  También declamaba, era un gran poeta. Para el Jueves Santo, mi familia gozaba de sus deliciosas ocurrencias con los "Testamentos de Judas".  Pintaba acuarela, lo recuerdo reclinado sobre una silla, pintando paisajes.  El pincel, los colores, el guacal con agua.


Un artista completo.  Una sensibilidad excepcional.  A lo mejor fue por eso que se consumió él mismo.  Era tan vasto su dolor; su forma de sentirlo...  la soledad, el desarraigo, la búsqueda.  Su suicidio fue solo el último paso de un camino que había comenzado hacía mucho.

Entonces, es eso lo que siempre encuentro en los artistas callejeros: la muchacha que tocaba la guitarra aquella noche fría en Covent Garden; el violinista en la estación del Métro de París, el negrito aquel de pelo cano que tocaba "Buffalo Soldier" en la 40R.  También en los mendigos, como aquel señorón que se sienta en una esquina de la zona 14, cerca de mi trabajo anterior.  Son esos personajes urbanos que viven al margen, fuera de las prioridades y valores que la mayoría consideramos normales.  Prima en ellos otra escala de valores, otras formas de ver la vida.  Sin tanta paja ni pose, son verdaderos rebeldes.  No se puede estar cómodo todo el tiempo, hay que hacer algo, hay que extenderse, hay que arriesgarse a sentir.  O quizás simplemente no logran enmarcarse en lo cotidiano.

A pesar de su dolorosa etapa final (o talvez por eso) aún le guardo mucho cariño al abuelo.  Yo tenía ocho años cuando decidió dejarnos.  Pero creo haber aprendido cosas que en su momento ni él ni yo supimos que me enseñaba.  Tuve varias lecciones de vida y muchas enseñanzas.  Aprendí a no conformarme con lo "normal", con lo establecido.  A no limitarme a las posibilidades circunstanciales de mi vida.  A entender que había otras realidades, otras visiones, otros mundos.  Que hay otras formas de vida mas allá de lo que tus ojos pueden ver y que está en mí el poder escoger cuál me queda, cuál me gusta mas.

Y recordar también lo corta que es la vida; y que sólo la tenemos prestada... 

Vidas ambulantes.  Eso es.  Hay quienes sentimos la necesidad de salir a explorar.  Viajar para encontrar qué hay allá afuera: para sentir la riqueza y la pobreza de nuestra humanidad.  Habrá días tristes, habrá días duros, pero nadie dijo que iba a ser fácil. Y aquí estoy entonces, inmerso en mi soledad, en mi desarraigo, enrolado en mi propia búsqueda.  En el margen, en mi periferia.  Desde aquí afuera se miran mejor mis luces y sombras; desde aquí espero encontrar la ruta que seguiré, el mejor camino hacia mi humanidad. 

Así que donde quiera que me estés viendo, gracias Abuelito Paco.  Lección aprendida, tomé nota.

viernes, 16 de abril de 2010

Abramos la puerta

¿Por qué “Pata de Chucho”? Así es como llamamos los chapines a quien gusta mucho de salir, de pasear o andar fuera de casa (callejeando, pues). “No seas pata de chucho”, decían las mamás o abuelas cuando te regañaban.

Te confieso que no entiendo qué tiene de malo. Solo saliendo es como conoces personas, lugares y cosas interesantes. Cosas que tus ojos no han visto, situaciones que no están previstas, sorpresas.

A mí me encanta viajar. Es la emoción de abrirte a nuevas experiencias, otras formas de pensar, de vivir. Y la expectación por todo lo que vas a vivir en el camino. Hay que saber disfrutar del camino tanto como el llegar al destino.

En un viaje no es importante la distancia a recorrer, una vez te permita apartarte del que “siempre” eres. Es un mágico experimento de renovación.

El viaje es una metáfora de la vida. Ya estás aquí, así que lo mejor es gozártela lo mejor que podás. Mira, aprende, escucha, ríe, abraza, disfruta, siente, experimenta, quiere, sueña. ¡Hay tantas cosas nuevas allá afuera!

Hay que aprender a disfrutar de este camino que es la vida. Porque si lo piensas bien, al final todos llegamos al mismo destino. Es lo único que tenemos seguro.

Así que te invito a disfrutar del viaje conmigo; y tus comentarios son siempre bienvenidos.