domingo, 14 de noviembre de 2010

Pequeñas cosechas

Si alguien me hubiera dicho que antes de seis meses en Canadá, me estarían entrevistando para la radio, no le hubiera creído.  Claro, me gusta compartir mis proyectos, mis ideas, mis ilusiones.  Comentarlo con mis amigos y conocidos.  Qué otra prueba que este espacio. 

A lo mejor el oírme hablar de algún proyecto me va armando de seguridad para trabajar en ello; aparte que también puedo captar comentarios o ideas útiles.  O puede que simplemente me vaya sintiendo comprometido conforme mas personas se enteran.  Personalmente, prefiero pensar que es así como comienza a elevarse el nivel de esa energía positiva, energía mutua que me impulsa hacia adelante. 

- Conozco a alguien que tiene una columna en la radio, relacionada con la experiencia de nuevos imigrantes.  ¿Estás dispuesto a entrevistarte con él?
- Seguro, por qué no.-  Acababa de comentarle a Alzira, coordinadora de uno de los programas en que participo, que había conseguido el empleo por el que había aplicado el viernes anterior.

Al principio no estaba seguro de a qué me estaba metiendo, pero aún así ¿Por qué no?  Sobre todo que estaba exultante al haber alcanzado una meta que, sabía desde hace tiempo, no iba a ser tan fácil.  Pensé que lo principal entonces era tener la oportunidad de compartir, que otras personas en mi situación conozcan los recursos que hay aquí a nuestra disposición.  Que no pierdan la motivación en el proceso -se dice fácil, claro-.  En fin, si de algo le servía a alguien, ahí estaba mi historia.

Pero también me interesaba como una experiencia nueva.  Ser entrevistado en la radio.  Guau!  No todos los días se nos da la oportunidad y por supuesto, no iba a dejarla escapar.

Recibí la llamada la tarde en que me reuní con mi nueva amiga colombiana, a la que conocí en la entrevista de trabajo.  Ella llegó a la ciudad hace solo un par de semanas y por supuesto que le ofrecí ayuda, con mucho gusto.  Así como Carol y Andy lo hicieron conmigo.  La ley del karma, transmitir bondad, sentir que se está haciendo una pequeña diferencia en la vida de alguien.

Decía que me contactó Andrew, de la CBC local, la Canadian Broadcast Corporation.  Hmmm...  Francamente no le escuché muy bien, pero quedamos en coordinarnos mas tarde.  Al volver a casa, había recibido ya su mensaje.  Quedamos para el día siguiente.

Nos reunimos en una sala de Mosaic, una de las agencias de apoyo al imigrante.  Andrew es también un imigrante que vino de China hace unos 20 años, roza ahora los 60.  Tiene un segmento en la radio (Xin Yimin, Nuevo migrante) en el que comparte con la audiencia distintas historias de personas que han migrado a Canadá.  Lo primero que noté luego de saludarle fue la grabadora y el micrófono en sus manos.

Así que primero tuvimos una plática para explicarme el objetivo del programa, de la entrevista, y de conocer un poco de mi historia.  Resulta que tengo una "historia exitosa" que vale la pena contar, así que aparte de la oportunidad de compartir, definitivamente me resultó halagador.

Sobre todo, considerando los días que pasé durante la búsqueda de empleo.  Buscar empleo es difícil en cualquier parte.  Y lo es más aún, en otro país que apenas conoces.  Hay que abrirse camino con paciencia, tratando de conocer cada día mas las condiciones en las que se vive, dándose a conocer con cuanta gente se pueda, pues nadie lo conoce a uno.  Y la experiencia profesional muchas veces ni la toman en cuenta.

Complicado, angustiante, intimidante.  Zozobra, desasosiego, ansiedad.  Miedo.  Nadie quiere coleccionar palabras como esas.  Mejor ni oírlas...  Y sin embargo, muchas -o todas- describen algunos de mis días en los meses pasados.  Impotencia.  Confieso que ha sido un reto bastante duro.  Y que sentí miedo, mucho miedo.

Creo que esas son las sombras de la migración.  A pesar de que uno se trata de preparar, de manejar escenarios no tan positivos, escucha testimonios, etc.; uno la verdad espera que no vaya a ser ése su caso.  Y es que después de pasar por tanto requisito en la Embajada, que la licenciatura, que los años de experiencia, los idiomas, los fondos para emigrar, etc., la expectativa es otra.

Entonces, estoy consciente de lo difícil que resulta conseguir empleo aquí, sin la "experiencia canadiense", y así, estaba realmente agradecido con la oportunidad de poder ayudar.  Fue a su vez, una ocasión para reconocerme mi esfuerzo, premiarme un poco.

Así que al iniciar la entrevista, pude sentir las gotas de sudor que se comenzaron a acumular en mi frente por los nervios traicioneros.  Yo trataba de responder en el mejor inglés que pudiera (creo que me salió una extraña mezcla de acento canadiense-guatemalteco).  Conforme avanzamos sin embargo, me fui sintiendo cada vez mas tranquilo.  Recordé que el propósito era compartir y ayudar a otras personas en mi situación y eso me hizo sentir bien.

¿Cómo es el asunto?  Andrew me hacía preguntas, yo las respondía lo mejor que pudiera.  Luego paraba la grabadora, hablábamos un poco mas para encontrar nuevas ideas o para discutir del nuevo tema que trataríamos, y de vuelta a la entrevista.  Había preguntas que me pedía repitiera en la respuesta (-Ah, así van a editar las respuestas después- pensé).  Al final, todo el proceso demoró unos cuarenta minutos.

La entrevista se transmitió el miércoles pasado en la Early Edition de CBC Radio.  El segmento incluye la entrevista telefónica que Andrew le hizo a Tom, mi mentor en el programa de Workplace Connections, para hablar de nuestras tareas juntos y su incidencia en mi historia.  Me hubiera gustado escuchar a Sonia, mi host -amiga ahora- en el otro programa, el de Culture Connections. 

Y al final de cuentas, esos cuarenta minutos se redujeron a tres o cuatro respuestas.  Lo demás fue un diálogo entre el presentador y Andrew.  Así que ni los clásicos quince minutos de fama tuve.  Ni modo, así es el negocio en los medios.  Pero igual creo que ahí está lo que yo quería compartir.

Luego de ese viernes, el miércoles siguiente tuve la oportunidad para presentarle al diverso público de Culture Connections las particularidades de nuestra celebración del Día de los Santos, incluyendo los barriletes de Sumpango y Santiago, los jinetes borrachos de Todos Santos y hasta un buen fiambre, preparado por el amigo Tono.  Así que fue una semana de cosechar pequeños pero importantes triunfos.  Y sobre todo, de seguir compartiendo.  Los invito a escuchar la entrevista y sacar sus conclusiones:  CBC Radio - Early Edition (Xin Yimin)

lunes, 8 de noviembre de 2010

Recomenzando

El viernes fue mi último día de descanso.  Después de casi siete meses desde que dejé mi último trabajo en la "conchita", después de la despedida de mi familia, amigos y de mi país; del período de turista en Vancouver, el proceso de asimilación, de adaptación a tantas cosas nuevas y finalmente de iniciar la búsqueda formal de trabajo; llegó la hora de iniciar un nuevo ciclo...

Hoy vuelvo a la vida productiva, a la vida de empleado.  Otra vez, una compañía multinacional.  Otra vez, oportunidades de contactos interculturales -aunque siendo realistas eso se da en esta ciudad todos los días-.  Pero ante todo comenzar a ganar la famosa "experiencia Canadiense", la pared con que uno se topa al venir aquí.  Y de tener un ingreso.  Es angustiante ver mes a mes, semana a semana cómo tus ahorros se van consumiendo, irremediablemente, como los granos de arena de un reloj implacable.

Así que estoy obviamente emocionado.  Otra vez la rutina, el traslado al lugar de trabajo -serán 15 minutos en tren y otros 30 en bus-, la inducción, caras nuevas por todos lados, la jerarquía, los retos, las oportunidades.  Es importante poder poner "el pie en la puerta", como aquí se dice, para darse a conocer, mostrar las capacidades propias y estar atento a las puertas que puedan abrirse.

Y hacerlo en un ambiente distinto, en otro idioma, conocer otra cultura organizacional, las pequeñas diferencias para manejar esos famosos "soft skills", etc.  Me siento como imagino, estaría aquel niño de siete años, recién bañado, bien peinadito, con su camisa cuadriculada azul y blanco de la Chavarría, la escuelita del barrio, con su lonchera metálica de Los Muppets y con mucha emoción de conocer un mundo nuevo.  Esa sensación inigualable de novedad.

¿Qué he aprendido en el camino?  Mucho.  Ha sido un ejercicio de aprendizaje constante.  Principalmente, que había que salir del apartamento, participar en la sociedad, integrarse.  Es difícil.  Claro, uno se siente seguro y cómodo en su casa, viendo tele, en el internet, leyendo.  En su zona de comfort.  Así que había que esforzarse en dar ese primer paso.  ¿De qué otra forma iba a conocer el lugar, las condiciones locales, el mercado laboral, la gente?  Fue así como comenzó a moverse la rueda de mi vida canadiense.

Y así, buscando oportunidades, terminé participando en un programa de manejo de transiciones (3 semanas), uno de integración cultural para newcomers (3 meses, una vez por semana), el programa de búsqueda de empleo (2 semanas), el de mentorship (otra vez, 3 meses una vez por semana), aseguré ciertos fondos para certificaciones, asistí a 3 o 4 ferias de empleo (no fueron de mucho beneficio), y ya estaba registrado para participar en una empresa de "prácticas".  Aparte, era un visitante constante en la Biblioteca Pública, leyendo libros relacionados con el tema, consiguiendo direcciones y referencias de empresas locales, etc.

Otro aspecto valioso, aparte claro de lo aprendido, ha sido conocer a tanta gente.  A través de esas actividades he conocido tanta gente de orígenes tan disímiles.  Chapines, Mexicanos, Colombianos, Argentinos, Brasileños, Japoneses, Chinos, Coreanos, Filipinos, Indios, Franceses, Rumanos, Rusos, Marroquies, Persas.  Gente de todos los colores.  Un fascinante viaje cultural sin dejar la ciudad.  Y compartir con todos ellos lo que voy aprendiendo.  Poder sentirse útil ayudando a otros con lo que tenía, el conocimiento.

Ahora que veo atrás, me doy cuenta que ha sido todo un proceso, en donde he aprendido mucho acerca de la ciudad, del mercado laboral, del mundo y sobretodo, acerca de mí mismo.  Así que a caminar de nuevo, a recomenzar la vida.  Y soy consciente de que apenas es el principio.  Eso es lo mejor...

domingo, 17 de octubre de 2010

Conexiones

Ultimamente he estado bastante desconectado del blog.  Creo que se debe al momento de introspección e incertidumbre por el que estoy pasando (naturalmente) en relación al proceso de búsqueda de trabajo.  Talvez de los últimos pasos trascendentes para sentirme totalmente "colocado" aquí, en el que he ido padeciendo una lucha constante entre nuevas formas de pensar y hacer y mis paradigmas y "comodidades".  Nada de que preocuparse: ya voy encaminado en el proceso.

Mientras tanto, continuando con la idea de compartir en este espacio -que es lo principal-, en estos días he leído de la documental de Banksy (famoso grafitero) que se estrenará a nivel mundial.  Me gusta el trabajo del cuate (aunque por ahí especulan que a lo mejor sea un colectivo y no una persona) porque en mi opinión sabe manejar muy bien una expresión de fina (y a veces cruda) ironía por medio de imágenes.  Para los que estén interesados, vale la pena visitar su website: http://www.banksy.co.uk/

Cuando leí del documental recordé también un poema de Cesare Pavese que compartí con los amigos de un curso de Sábato hace un año, en el que me pareció oportuno pegar uno de los grafiti de Banksy en la hoja que les dí.  La referencia al poema lo habré leído en ElPeriódico y me recuerda a una amiga cuyos ojos verdes -siempre he tenido debilidad por los ojos claros- me tenían hechizado hace unos cuatro años.  El tiempo vuela...

Conexiones tan casuales que me hacen recordar lo que decía otra amiga:  Las casualidades no existen. 

Pido disculpas porque como dicen aquí, hoy "my mind is all over the place", lo que ilustra bastante bien a lo que voy: a pesar de estar "desconectado" del blog, sí que he estado "conectado" con el tejido telaráñico de mi existencia.  Estoy seguro que a todos nos ha pasado:  pensamos en algo o soñamos con algo y luego sucede.  No me refiero al sentimiento de deja-vu, cuando algo nos "parece" ya visto.  Me refiero a tener la certeza de haber pensado en eso anteriormente.

Debe ser una de las ventajas de la mente desocupada: al parecer logra conectarnos con otros estadíos de la existencia.  ¿Evidencias?  Bueno, si tengo algunas.  Otra vez, la desocupación me ha ayudado a registrarlas, cuándo no, en una hojita de Excel.  Metódicamente.  Al momento, llevo veinte registros durante el último mes.  Cosas sencillas, claro; como pensar en alguien y ser contactado por esa persona al día siguiente, o enterarse de algo que le ha sucedido.  O recordar una canción y ver algo relacionado después.  Cosas así.

Medio en broma, le preguntaba a un amigo si habrá alguna forma de hacer dinero con esas conexiones.  Valdría la pena averiguar...  Pero ya en serio, me pregunto si habrá alguna forma de potenciarlas.  ¿Alguien conoce alguna?  Porque se comienza a tener una idea más tangible de la interrelación de todas las cosas, en grados que no siempre estamos conscientes de apreciar.  De las muchas puertas que nos conectan al universo, a nosotros mismos y con cada persona.  Una sensación de comunión, pues.

Bueno, basta de esoterismos por hoy.  Para lo que valga y con quien sea que conectemos, aquí abrimos una puerta mas:


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.

Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

-Cesare Pavese

 - Banksy

domingo, 26 de septiembre de 2010

Caminando hacia el río

En medio de la noche, sueño que voy caminando.  Descendiendo desde las montañas de la fe hasta llegar al profundo río.  Debo estar buscando algo, es algo sagrado que perdí.  Pero el río es tan ancho y difícil de atravesar...

Y aunque se que el río es ancho, yo camino cada noche y me detengo a sus orillas; intentando llegar al otro lado para así encontrar lo que he estado buscando.

En medio de la noche, voy caminando dormido a través del valle del miedo hacia el río más profundo.
He estado buscando algo que me fue quitado del alma.  Algo que yo jamás perdería, algo que alguien me robó.

Y no se por qué camino siempre de noche, pero ahora estoy cansado y no quiero caminar mas.  Sólo espero que no me tome el resto de mi vida el encontrar lo que he estado buscando.

En medio de la noche voy caminando dormido, a través de la jungla de la duda hacia el río tan profundo.  Se que estoy buscando algo, algo tan indefinido; que solo puede ser visto por los ojos de los ciegos, en medio de la noche...

No se si habrá una vida después de esta, Dios sabe que nunca he sido un hombre espiritual; bautizado por el fuego, me meto en el río que corre hacia la tierra prometida.

En medio de la noche sueño que voy caminando a través del desierto de la verdad hasta llegar al profundo río.  Todos terminamos en el mar, y todos comenzamos en los arroyos; todos somos llevados por el río de los sueños, en medio de la noche...

Traducción libre de esta excelente canción de Billy Joel a la que sólo agregaría: Y cada paso que doy, me acerca más a mi destino...  C'est la vie.

I must be looking for something, something so undefined,
that it can only be seen by the eyes of the blind
in the middle of the night.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Energía química

Hoy por la mañana asistí a la reunión introductoria para un programa de búsqueda de empleo.  Con el tiempo va uno conociendo cómo se maneja la cosa aquí; y creo que ya comenté que es bastante metódica (se contacta a la institución que da el programa, se asiste a la sesión introductoria, se aplica, hay que esperar un tiempo y luego -finalmente- se comienza).  A veces puede resultar un tanto desgastante pero ni modo, hay que acoplarse.

Había ido por mi cuenta el lunes para recopilar mas información pues estaba evaluando un programa similar con otra institución.  Las diferencias, en mi opinión, son que uno está más orientado a nuevos imigrantes y con metodología más abierta -nueve talleres programados cada dos o tres días por la mañana y/o tarde- mientras que el otro se enfoca en trabajadores profesionales o del área tecnológica y la programación es dos semanas de asistencia de 9 a 12.

Después de cavilar un poco más de lo necesario me decidí por éste último; entiendo que es muy importante el hacer los contactos -networking- para conseguir un trabajo en el área de interés: de acuerdo con estadísticas menos del 10% de los empleos se consiguen online.  O sea, hay que salir de la famosa zona cómoda y tirarse al agua empleando otras técnicas (llamadas, socialización, etc.).

Pero decía que ya conocía el lugar, ubicado en New Westminster (una de las ciudades que integra el "Metro Vancouver").  No se exactamente que habrá sido pero el lunes, al salir del mall donde están sus oficinas y ver alrededor sentí una atmósfera diferente que se me hizo agradable.  Me dió una gran sensación de bienestar.  Un flashback a la única tarde que estuve y caminé por las calles de Lugano en Suiza durante aquel tour europeo.  A lo mejor fue el clima un tanto frío, o la mezcla entre edificios, residencias, naturaleza y la cercanía del río Fraser o talvez los colores y atmósfera iniciales del otoño. 

En fin, me sentí bien ahí y decidí que hoy valdría la pena dar una vuelta por los alrededores.  Ultimamente he perdido el espíritu de novedad y turismo, así que no era mala la idea para reconectarme con ese sentir.  Caminé por toda la 6a calle hacia el sur por aproximadamente diez cuadras hasta llegar a la orilla del río.  Entré a un pequeño museo y -entre otras cosas- me enteré de un muchacho que en dos ocasiones en 1995 y 2000 nadó durante casi un mes por el Fraser para concientizar acerca de su protección.  El cuate se llama Fin Donnelly.  No pude dejar de notar lo apropiado de su nombre para la hazaña, considerando que fin significa "aleta".

Al salir me tomé un café y un cubilete en un kioskito, entretenido viendo cómo se me aproximaban casi dos docenas de pájaros -entre palomas y otras avecillas- esperando que les compartiera algunas migas.  Y lo hacían de forma tan descarada que una de ellas llegó a pararse en el extremo contrario de mi mesa, muy cerca.  Con razón algunas de ellas rozaban ya la obesidad.  Después se peleaban por los restos de cubilete en el papel que puse en el suelo para ver su reacción.  Caminé por la orilla del muelle -el lugar estaba vacío así que se prestaba para la reflexión- y luego de un tiempo de ver pasar los remolcadores por el río decidí volver a casa.  Al llegar a la estación del tren y ver hacia arriba, recordé lo que leí hace unos años.

New Westminster es una zona que me llamó la atención desde el primer sábado que pasé por ahí, en camino al downtown.  Cerca de la estación del Skytrain hay dos o tres torres de apartamentos -Plaza 88- de unos 35 pisos quizás, que a mí me parecieron como inmensos panales de abeja; y desde que los vi los asocié con las secuencia de las torres de humanos anestesiados, conectados todos y generando energía para alimentar al sistema que se ven en The Matrix.  Y pienso que la analogía no es nada lejana.  ¿Qué es, en fin, una torre de apartamentos sino un conjunto de pequeños receptáculos donde se almacena energía?

Si, esa energía que irradiamos cada día, indispensable para nuestro trabajo.  Somos básicamente máquinas transformando nuestra materia prima -la comida- en calor, en fuerza física, en capacidad intelectual.  Y pienso en esto mientras voy sentado en el tren, el medio para transportar esa energía a nuestros respectivos cubículos, escritorios o puestos de trabajo donde nuestra función será generar plusvalía.  Generar servicios, bienes y productos que luego nos tocará consumir para eternizar el ciclo.  ¿Qué somos, sino pequeñas unidades calóricas hábilmente insertadas en un sistema para mantenerlo funcionando?

Ahí es donde la cosa se pone tenebrosa.  ¿Somos conscientes de ello?  ¿Hasta qué extremo somos empujados a mantener esa carrera sin fin, como en la ruedita del hamster, que no nos llevará a ningún lado?  ¿Hasta qué punto nuestra vida se basa en aspiraciones que ni siquiera son nuestras? Aspiraciones y deseos que nos han sido implantados; sueños inventados, ajenos.

Y mientras el tren continúa su marcha, y paso ahora por Patterson, donde se ven otros edificios-colmena; sonrío al darme cuenta lo peligrosa que puede ser una mente desocupada.  Y me río de mi propia contradicción pues reflexiono sobre esto mientras, ansioso, aplico para "reconectarme" al mundo laboral, al sistema...  Pero por hoy, no quiero pensar en mis excusas o mis razones.  Solo que ahora entiendo por qué no me gustan los edificios de apartamentos y que -aunque nunca se sabe- espero no me toque vivir en uno.

Llegamos a mi estación y camino bajo un cielo gris pero con la mente un poco mas clara.  Creo que ahora sería el momento de elevar una plegaria, tomar un Prozac, salir a correr o terminarme el Napolitano que me aguarda en el freezer.   O de escribir este post: la magia de la creación como escape a la rutina gris y la sensación de impotencia.  Adormecer otra vez las neuronas con un torrente de endorfinas.  Aaaah...  las delicias de la química.

viernes, 3 de septiembre de 2010

El Rey del Mambo

Hace ya algunos días visité (con mucho gusto, por cierto) la Librería "Cervantes", el anuncio que encontré online: "PRIMERA LIBRERIA HISPANA DE VANCOUVER/Celebracion de Reapertura" era demasiado bueno para dejar pasar la oportunidad.  Al fin encontré una opción para husmear títulos en mi lengua materna.

Durante mi visita conversé con don Enrique, el amable dueño del negocio.  Don Enrique es originario de El Salvador y tiene estudios en filosofía, da clases en la iglesia Anglicana y por lo visto, le tiene amor a los libros.  Aunque con alguna inquietud le oí decir que ampliaría el área de libros en inglés, debo reconocer que él mismo es una especie de Quijote, montado en la aventura de vender libros en Español.  Espero que le vaya muy bien. 

Le compré dos libros, El Señor Presidente (que nunca leí durante la secundaria, el peso de la obligación le quitaba el gusto) y una novela que se llama "La Pasión Turca", que me llamó la atención desde la portada con la media luna y la estrella, que me recordó mi visita a Estambul. 

Al salir de la librería camino a mi casa encontré un parquecito (Glen Park) con varios árboles que me invitaron a sentarme bajo su sombra, sacar la novela de la mochila y comenzar la lectura.  Instantáneamente el nombre "Yamam" me transportó a mi experiencia en Turquía.  Con una gran sonrisa...

Era la tarde del segundo viernes que pasaba en la ciudad y con mi anfitriona K. nos habíamos reunido con dos o tres de sus amigos, -ninguno de los cuales hablaba inglés- en Taksim, distrito turístico y de ocio famoso por sus tiendas, restaurantes y bares y considerado el corazón de la moderna Estambul.

Debido a que no tenía mucho de qué hablar, pues no entendía nada de turco; me pasé el tiempo aprendiendo a agarrarle el gusto al Rakı (se pronuncia "Raku"), bebida nacional con un característico sabor a anís que se diluye en agua y se toma en shots, acompañados de melón y queso blanco, alternativamente.  Yo diría que fue con el Rakı que entendí claramente la expresión "gusto adquirido".  Já! Pues la verdad es que hay que irse acostumbrando a su extraño sabor poco a poco...

Ahora que recuerdo, en el vuelo de vuelta en Turkish Airlines compré una botella de Rakı y al poco tiempo de regresar nos juntamos con los cuates de la U.  Compramos el melón, el queso e intenté que disfrutaran del licor.  Mala idea.  Creo que esa botella todavía ha de andar por ahí, entre la "herencia" que le dejé a mi prima.

Pues mientras bebíamos el Rakı (de marca Yeni Rakı, "Nuevo Rakı") comimos otras boquitas locales de las cuales a estas alturas ya no me acuerdo en detalle.  Permanecimos ahí por varias horas, hasta que nos movimos a una disco.  Yo la verdad ya estaba "algo mareadito" -no había tenido otra cosa que hacer- y no sabía qué esperar del tipo de música en una disco de Estambul, así que me sentía un poco nervioso. 

La disco era un local mediano, con mesas redondas y sillas tipo bar, de esas altas.  Al fondo estaba la pista de baile.  Estaban tocando música en inglés y mientras nos acomodábamos en la mesa, pedimos cerveza.  Al poco tiempo, el amigo de K. se despidió, dejándome solo con ella y su amiga F. (Oh oh...). 

Después de darle unos sorbos a mi botella, pusieron "La isla bonita".  K. comenzó a bambolearse en su silla, sonriendo mientras yo adivinaba sus intenciones así que cuando me dí cuenta, ya me había jalado a bailar entre las mesas.  Debe haber sido un poco el efecto del Rakı y otro poco el orgullo, pero no iba a dejar mal parado el "sabor" latino; así que con alguna soltura nos movíamos juntos, le tomaba las manos para hacerla girar, la mecía entre mis brazos, todo al cadencioso ritmo de Madonna.

Sentía la mirada de la gente de otras mesas pero la verdad me importó poco, qué efecto tan liberador ese de no conocer a nadie.  Al terminar la canción, K. me agradeció dándome un beso en la mejilla mientras sonreía.  Yo ya me sentía mas suelto y al poco tiempo comenzaron a poner mas canciones para bailar.  Quienes me han visto hacerlo saben que no tengo casi nada de entendimiento de la "técnica" del asunto; de vez en cuando pierdo el paso y solo me se como 4 movimientos distintos...  pero a cambio de eso, dejo el alma en la pista.

Así que saqué a bailar a F. (con la que de verdad maniobrábamos mejor por el asunto de la estatura) y a las dos o tres canciones éramos los dueños de la disco.  Y cuando sonó "Ya tu sabes" con El General y C&C Music Factory, pues -ya tú sabes-, yo ya tenía todas las luces prendidas.  Ibamos y veníamos, nos juntábamos y separábamos, F. giraba, luego yo y recuerdo que en algún momento la gente fue haciendo un círculo a nuestro alrededor. 

Era lo máximo, esa noche a mí ni John Travolta me ganaba...  Me veía como el protagonista de una menos que probable historia para mí, algo que ni siquiera había pasado alguna vez por mi mente.  Siendo realistas, definitivamente jugó en mi favor lo mucho más "tiesos" que son los ciudadanos de esas latitudes.  Pero igual, esa noche todo fue maravilloso, magnífico:  por esa noche, en la milenaria ciudad de Constantinopla, a miles de kilómetros de mi tierra, me tocó ser a mí, contra todo pronóstico: "El Rey del Mambo"...

Volvimos ya tarde al departamento de K. y al otro día ella se iba a visitar a su familia a Malatya, su tierra natal.  Esto porque corría la festividad del Bayram, la fiesta que se celebra  al finalizar el Ramadan, mes de ayuno musulmán.  Así que cuando amanecí, con mi primera -y única- medio goma de Rakı y todavía un poco mareado; el apartamento estaba vacío. 

Reí al recordar la noche anterior y con un poco de aprensión comencé a prepararme para mi siguiente aventura cultural: un baño con esponja que recibiría de un tal Haziz en un Hamam...   pero eso es materia para otro post.

Esta foto no es mía, 
sólo es para fines ilustrativos...

martes, 31 de agosto de 2010

El Hormiguero

Estoy acostado en la cama, la luz apagada.  Comienzo a sentir que algo me camina en el brazo.  Lo busco pero no veo nada.  Enciendo la lámpara y descubro que es sólo una hormiga.  Pero miro con atención y me doy cuenta que se está multiplicando: ya no es una, ahora son cien.  Y siguen multiplicándose, ahora son mil, cien mil, millones!   ¡Estoy cubierto de hormigas..!  Siento erizarme, siento un escalofrío mientras los millones de patas caminan sobre mi cuerpo, atravesándome.

Pero no es que esté cubierto de hormigas.  No.  Es mi cuerpo, ¡Me estoy transformando en un hormiguero!  Mi humanidad se disuelve mientras mi cuerpo/hormiguero se esparce, baja de la cama.  Lentamente la sombra negra se dirige hacia la sala, camina en la alfombra hacia la ventana.  Trepa la blanca pared y comienza a salir de la casa.  Se puede sentir la vibración, oír el crujido, el murmullo de miles de patas caminando al mismo tiempo.  Se mueve como una gran mancha, en dirección a la calle.

Al alcanzar el asfalto, ya no son hormigas, ya no soy un hormiguero.  Me he vuelto a transformar, ahora en miles de partículas que vuelan con el viento.  ¿Seré polen, seré polvo?  Sí, ahora vuelan hacia todos lados.  Me pego, me voy con la gente.  Con el gordo de barba blanca que me preguntó algo en la parada del bus aquel día.  Con la chinita a la que le expliqué como llegar a la biblioteca.  Con la muchacha que ví camino al super.  Con la latina que me atiende en inglés en el McDonalds.

Voy con todos, me he comenzado a expandir exponencialmente.  Estoy en todos lados...   Soy todos, estoy con todos.  Soy mis gestos, soy mis palabras.   Soy algo que me conecta con cada persona que he encontrado.  ¡Soy un mensaje! 

Y ahora necesito expandirme más, me invade una necesidad imperiosa de extenderme.  Debo encontrar otra forma mas rápida.  Volverme eléctrico, electrónico.  ¿Talvez de luz?  Debo encontrar la forma de expandirme lo más rápido posible, para llegar a donde están todos.  Volar por la ciudad, sortear las casas, los barrios, los edificios, montañas, ríos y mares.

Ya se, me transformaré en una idea, en un pensamiento.  Acércate, escucha con atención: ya estoy ahi, ¿Acaso no oyes mi voz? Justo ahí, en tu cabeza...  Lo logré.


Para ustedes que me honran con su visita; gracias por dedicarme unos minutos de su tiempo muchá.  Y ya saben que sus comentarios son siempre bienvenidos, de lo que sea, lo que les guste o lo que no.  Me encanta saber de ustedes.

Y aprovecho para compartirles mi nuevo blog en inglés (http://thewhiteotter.blogspot.com/), inicialmente traducciones de Pata de Chucho (vieran que no es tan fácil...  jajaja).  Ya después a lo mejor tengan distintos contenidos.  A construir mas puentes electrónicos y mas abrazos virtuales pues...