Ayer almorcé lasaña. Decidí comer en ese restaurante, Ragazzi Pizza, que queda a dos esquinas de mi casa y que había visto por el internet y cuando salgo a correr. En estos tiempos mundialistas, el partido de medio día termina aquí a las 13:30, así que luego salí para allá.
Lo malo fue la espera. Al pedir mi plato, la señorita amablemente me informa "It will take approximately 15-20 minutes...". Y yo con un hambre! Bueno, a hacerle ganas. Por lo menos la lasaña estará buena porque la cocinarán ahí mismo, no es congelada, recalentada o algo así.
Al final de cuentas, mi almuerzo estuvo muy rico. Todavía me truena la tripa ahora que recuerdo la porción tan generosa (casi que un ladrillo), con los panitos esos triangulares, uno en cada extremo. Deliciosa. Luego de almorzar salí del restaurante y como no tenía ningún plan, me senté a leer mi libro en una banca en la acera, que estaba recibiendo bastante sol y que mira hacia la 22nd Avenue, una calle al sur de mi casa.
Después de un rato no se por qué levanté la mirada y vi un ciego caminando del otro lado de la calle. Me robó la atención de inmediato. Me puse a ver la forma en que manejaba su bastón, moviéndolo alternativamente de un lado a otro mientras avanzaba. En eso se desvió un poco a la izquierda y por un momento pensé que iba a bajar peligrosamente a la calle, pero cabal percibió el bordillo con el bastón. Lo dirigió entonces hacia el otro lado, ahora sintió la grama y finalmente encontró el concreto de la acera para retomar su rumbo.
Mientras, yo me preguntaba: ¿Cómo será eso de estar ciego? De vivir diariamente en un mundo que se guía por imágenes, por luces y sombras, y que uno no es capaz de distinguir... Saber que no está uno "diseñado" para ese mundo... Debe ser tenebroso. O tiniebloso, mejor dicho. Estar en un mundo desconocido, en el que las cosas se perciben muy distintas a como lo percibimos nosotros, la gente "normal".
Pero al final, ¿Qué es lo "normal"? ¿Y no será que somos nosotros los anormales y que el mundo debería percibirse por el tacto, oído y olfato, nada mas? Luego me pregunté si tendría los huevos de vendarme los ojos y salir a la calle durante un día, haciéndola de ciego; tratando de experimentar esa realidad. Un mundo de percepciones distintas, "ver" el mundo de otra forma. Lo haría, pero acompañado. Quien sabe.
O qué tal por lo menos hacerlo en casa? Levantarse, ir al baño (no creo que haya problema para eso, todos sabemos dónde tenemos nuestras cositas...), desayunar, bañarse, cepillarse, vestirse, hacer esas cosas tan básicas que todos hacemos diariamente. Pero sin ver. Debe ser un ejercicio mental respetable.
El ciego llegó cerca de la parada del bus (Ah, a ver cómo hace para reconocerla, pensé) y se paró un poco más adelante. Esperaba que debido a su ceguera, estuviese utilizando otros sentidos que entiendo se maximizan en esa condición (el oído, principalmente, el olfato a lo mejor) para manejarse de manera eficiente. Pero se quedó ahí, parado como a dos metros de donde debería estar.
No aguanté mas. Me levanté, caminé hacia la esquina, crucé la calle y me dirigí a donde estaba.
- Are you waiting for the bus to come?
- Yes, is this the bus stop for the 25 line?
- Yes sir, I am taking it too. I will tell you when it comes. -Mentí.
- Oh, thank you sir!
Me encontré interesado en esta persona, se me presentaba la oportunidad de conocerlo de alguna manera. A lo mejor podría ayudarme a perfilar un personaje para una historia, o algo así. Talvez era solo para espantar mi aburrimiento mental. Pensé entonces que mi ayuda era interesada; esperaba algo a cambio. Mi mamá no estaría orgullosa de mí hoy.
- May I ask you a question, sir?
- Well, sure you can. -Respondió.
- Were you born blind, or was it something that happened afterwards? -Pregunté descaradamente.
Volteó el rostro hacia donde escuchaba mi voz (como si pudiera ver) y respondió, siempre en inglés:
- Me volví ciego cuando tenía veinte años... Ahora tengo cuarenta y dos.
- Y qué le pasó?
- Un accidente...
- Ah, lo siento. Pero, ¿Y cómo es ese cambio? Digo, ¿Su adaptación, fue difícil? -Francamente, me estaba poniendo impertinente.
- Bueno, si. Es muy difícil al principio. Extrañas todo lo que veías antes, la gente, los lugares, los colores, todo. Estás en un mundo nuevo, y tienes que comenzar a confiar en tus otras habilidades, en tu instinto. En los otros sentidos que tienes. Maximizas otras capacidades.
- Claro, entiendo...
- Uno no entiende la capacidad de adaptación que tenemos, hasta que se enfrenta a algo así. El ser humano es una máquina maravillosa, eficiente.
- Pero ¿Sabes qué es algo que sí extraño?
- ...
- El silencio.
- ¿¿El... silencio?? -pregunté extrañado.
- Sí, el silencio. Desde que estoy ciego, no dejo de oír. Oigo cualquier ruido, por minúsculo que sea. Debo poner atención a cualquier cosa, a todas las cosas. Y mi cabeza entonces no para de hablar.
- Qué ironía! -pensé- Creí que extrañaba la luz o algo así.
- Es irónico. Así es.
En eso llega la 25 a la parada. Ni la vi. Me pregunta:
- Is this the bus?
- Yes, this is it! -Respondo sorprendido.
Le tomo el brazo y sube al bus sin problemas, siempre con su bastón de guía.
- Okay, thank you for your help!
Comienzo a caminar de vuelta a casa. Insatisfecho. No pude conseguir mi historia. Porque la verdad es que cuando le pregunté al principio, si estaba esperando bus, sólo me respondió que no. Y a continuación se sacó una cajetilla de cigarros de la bolsa de la camisa mientras yo me alejaba, sin que se me ocurriera otra forma de entablar conversación...
Así que me vine a inventar cualquier diálogo. Y es hasta que lo escribí que me di cuenta. Ese otro ciego, el de la historia, era sólo un reflejo. El mío.
miércoles, 30 de junio de 2010
El Ciego
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lunes, 28 de junio de 2010
Azul
Hoy leía una columna en elPeriódico; hablaba de una película italiana donde un niño que se queda ciego, cuando otro le pregunta cómo es el color azul, le responde: “El azul es como ir en bicicleta”. ¿Qué te dice esa frase? ¿Cómo la entendés?
Personalmente me encantó, me atrapó. ¿Cómo no llenarte de gozo por esa belleza? Qué maravillosa forma de expresión... Hablando de colores y sus efectos en el ser humano, están esos que nos traen sensaciones, experiencias y percepciones muy queridas. Recuerdos, memoria. Nos permiten conectarnos, ensanchar nuestro ser, enlazar nuestra entidad con la realidad que percibimos. Escucharnos.
Mi favorito es el azul. Siempre lo ha sido, me deja una sensación de tranquilidad, de paz, de sosiego.
Un azul me regala la paz. Es la superficie de un lago en quietud, mientras gozando la infancia me veo sentado en la grama. Esa tarde escucho los sonidos de la naturaleza, el croar de los sapos y el murmullo de los insectos. Ni un alma alrededor. Vacío, nada mas. Una inmensa paz espiritual.
Otro que me da la tranquilidad del cielo despejado mientras ascendemos un volcán. Una vista espectacular, el olor de los pinos, los pajonales. Comienza a sonar la arena bajo los pies, empieza a mezclarse con la tierra conforme se va ganando terreno. Tres horas caminando y todavía faltan otras dos. Inhalar el viento, llenarse de azul. Ese azul que refresca la subida, que amortigua el esfuerzo físico y mental.
Están también los azules de ese otro lago, el lago mágico. Bohemia: Estoy lejos, en la montaña azul... El azul del cielo y el azul del lago, cocidos con un hilo de viento, unidos por los volcanes. Maravillosa vista que compartimos alguna vez, bajando por esa carretera estrecha y sinuosa. Cuando juntos entramos a ese mundo mágico del cariño, de la memoria, con lo que se construye la vida.
Tahures zurdos: Mi boca es azul y mis ojos también son azules. Sosiego. Te apoyo, te tiendo mi mano... Estoy contigo, jamás te haré daño. Búscame cuando quieras, aquí estaré. Afuera todos los miedos, estoy pleno de azul por dentro y no hay nada que pueda contra eso.
Ahora éste azul de una tarde de pereza en casa. Nada por hacer, completa libertad, creatividad letárgica. El cielo se nubla, jugar con el somnoliento fuego interno, casi extinto. Solo brasas. El gato está triste y azul.
En fin, para mi, "El azul es saber que a la vuelta de la esquina, encontraré algo nuevo, siempre!".
Y ahora te pregunto: ¿De qué color es tu memoria?
Si te dijera que en los muros crecen flores azules
Que silenciosamente azul es tu mirada
Cuando se pierde...
Azul, Tahures Zurdos
Personalmente me encantó, me atrapó. ¿Cómo no llenarte de gozo por esa belleza? Qué maravillosa forma de expresión... Hablando de colores y sus efectos en el ser humano, están esos que nos traen sensaciones, experiencias y percepciones muy queridas. Recuerdos, memoria. Nos permiten conectarnos, ensanchar nuestro ser, enlazar nuestra entidad con la realidad que percibimos. Escucharnos.
Mi favorito es el azul. Siempre lo ha sido, me deja una sensación de tranquilidad, de paz, de sosiego.
Un azul me regala la paz. Es la superficie de un lago en quietud, mientras gozando la infancia me veo sentado en la grama. Esa tarde escucho los sonidos de la naturaleza, el croar de los sapos y el murmullo de los insectos. Ni un alma alrededor. Vacío, nada mas. Una inmensa paz espiritual.
Otro que me da la tranquilidad del cielo despejado mientras ascendemos un volcán. Una vista espectacular, el olor de los pinos, los pajonales. Comienza a sonar la arena bajo los pies, empieza a mezclarse con la tierra conforme se va ganando terreno. Tres horas caminando y todavía faltan otras dos. Inhalar el viento, llenarse de azul. Ese azul que refresca la subida, que amortigua el esfuerzo físico y mental.
Están también los azules de ese otro lago, el lago mágico. Bohemia: Estoy lejos, en la montaña azul... El azul del cielo y el azul del lago, cocidos con un hilo de viento, unidos por los volcanes. Maravillosa vista que compartimos alguna vez, bajando por esa carretera estrecha y sinuosa. Cuando juntos entramos a ese mundo mágico del cariño, de la memoria, con lo que se construye la vida.
Tahures zurdos: Mi boca es azul y mis ojos también son azules. Sosiego. Te apoyo, te tiendo mi mano... Estoy contigo, jamás te haré daño. Búscame cuando quieras, aquí estaré. Afuera todos los miedos, estoy pleno de azul por dentro y no hay nada que pueda contra eso.
Ahora éste azul de una tarde de pereza en casa. Nada por hacer, completa libertad, creatividad letárgica. El cielo se nubla, jugar con el somnoliento fuego interno, casi extinto. Solo brasas. El gato está triste y azul.
En fin, para mi, "El azul es saber que a la vuelta de la esquina, encontraré algo nuevo, siempre!".
Y ahora te pregunto: ¿De qué color es tu memoria?
Si te dijera que en los muros crecen flores azules
Que silenciosamente azul es tu mirada
Cuando se pierde...
Azul, Tahures Zurdos
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sábado, 26 de junio de 2010
Primera vez
Hace muy poco que estamos juntos, y la verdad no me había pasado por la mente hacerlo. Fue hasta hoy que me decidí. Es que sentía un abatimiento, algo como una exasperación y no estaba seguro de que hacer. Me sentía muy solo, mi mente no tenía sosiego... Pensé que ella podría ayudarme. Así fue que entonces, la traje a mi cama.
Con delicadeza y con cuidado, la dirigí hacia mi cuarto. Encendí la luz, así me gusta mas... Y como lo esperaba, se portó a las mil maravillas. Sentir su aire caliente, su exhalación. Tan cerca, encima de mí. Lo disfruté, no puedo negarlo. Me devolvió la tranquilidad. No sabía cuánto lo necesitaba, pero su calor me reconfortó mucho hoy. Y claro, quedó invitada a volver.
De hecho, todavía estoy aquí con ella. No se por qué no lo hice antes, pues me sentí muy a gusto. Lástima que tenga que terminar... ni modo, de vuelta al escritorio. Me sentí muy cómodo usando mi laptop en la cama. Música, facebook, email, hasta escribí dos o tres ocurrencias, como ésta. Pero bueno, ya es hora dee cargar la batería.
Con delicadeza y con cuidado, la dirigí hacia mi cuarto. Encendí la luz, así me gusta mas... Y como lo esperaba, se portó a las mil maravillas. Sentir su aire caliente, su exhalación. Tan cerca, encima de mí. Lo disfruté, no puedo negarlo. Me devolvió la tranquilidad. No sabía cuánto lo necesitaba, pero su calor me reconfortó mucho hoy. Y claro, quedó invitada a volver.
De hecho, todavía estoy aquí con ella. No se por qué no lo hice antes, pues me sentí muy a gusto. Lástima que tenga que terminar... ni modo, de vuelta al escritorio. Me sentí muy cómodo usando mi laptop en la cama. Música, facebook, email, hasta escribí dos o tres ocurrencias, como ésta. Pero bueno, ya es hora dee cargar la batería.
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martes, 22 de junio de 2010
El Viaje
Titubeo indeciso. Si comienzo este viaje, no podré volver a ser quien era. ¿Estoy seguro? No, pero igual ahí voy, abro la puerta...
Me dirijo hacia el Este. Solo se que es para ahí. Talvez noreste para ser exactos. Encuentro un bosque, un bosque oscuro. La tierra también es oscura, hasta se diría que negra. Llena de piedras grandes, como las de San Pedro La Laguna. Y el cielo está gris, nublado.
Voy buscando algo. Y hay alguien conmigo. Lo se y lo siento; pero no lo veo. Me dice que escarbe en la tierra húmeda. Obedezco. Comienzo a escarbar con las manos. Al poco tiempo, encuentro una caja de cristal con los bordes dorados. No se ve nada dentro, pero él me dice que la abra, que pruebe.
Tiene razón, adentro hay un polvo resplandeciente. Un polvo brillante en una nube vaporosa. Lo aspiro. No siento nada, no hay ningún efecto. En eso, la molestia... El estómago revuelto, embotado. Me da náusea y comienzo a vomitar. Escupo un líquido rosa, como una gelatina que contiene el mismo polvo brillante.
El líquido va tomando forma, se vuelve una mariposa. Gigante. Instintivamente salto sobre ella y emprendemos el vuelo. Atravesamos el bosque negro, aunque ahora no estoy seguro si es una mariposa y voy volando; o si es una mantarraya y estoy en el mar. No, si estuviera en el mar no podría respirar. Estoy volando.
Mi acompañante me dice que busque, que vea hacia abajo. En el suelo, a mi derecha, está ella. En el suelo, llora sentada sobre sus alas...
Continúa el viaje. Tengo que encontrarla. A la nutria blanca. Sí, debo buscar una nutria blanca. ¿Por qué? Ella me va a decir lo que tengo que hacer. Ya el vuelo es en sí mismo una experiencia liberadora, he alcanzado lugares innatos que no me permitía visitar. La mente me hormiguea.
Mi acompañante me anima a que siga, que llegue a las márgenes del bosque, allá donde está el mar. Lo hago y justo antes de llegar veo un pantano, un pantano con varios troncos tirados, esparcidos a lo ancho del lugar. El cielo sigue gris, amenaza lluvia y hace frío.
Bajamos, aquí es. Allí está ella. Me acerco caminando y sí, es la nutria blanca. Le hablo, le pregunto qué debo hacer. Con una sonrisa, me responde que debo desdoblarme. ¿Desdoblarme? ¿Cómo hago eso? Bueno, lo intento y mi cuerpo se parte, se abre verticalmente como una funda y deja salir un niño! Un niño blanco como la nutria, completamente blanco. Hijo de la luna.
-Preguntále al niño, ¿Qué dice? ¿Qué quiere?- me anima mi acompañante.
El niño me responde. Dice que está bien, gracias. Que llegamos a donde quería y que ya no hay nada que temer. Que lo he cuidado muy bien y me agradece todo. Después de esto, se aleja nadando con la nutria blanca. Mar adentro.
Está saliendo el sol en el horizonte y el día se torna cálido. Una lágrima recorre mi rostro. Es la emoción. La satisfacción del trabajo bien hecho. Sonrío.
Me dirijo hacia el Este. Solo se que es para ahí. Talvez noreste para ser exactos. Encuentro un bosque, un bosque oscuro. La tierra también es oscura, hasta se diría que negra. Llena de piedras grandes, como las de San Pedro La Laguna. Y el cielo está gris, nublado.
Voy buscando algo. Y hay alguien conmigo. Lo se y lo siento; pero no lo veo. Me dice que escarbe en la tierra húmeda. Obedezco. Comienzo a escarbar con las manos. Al poco tiempo, encuentro una caja de cristal con los bordes dorados. No se ve nada dentro, pero él me dice que la abra, que pruebe.
Tiene razón, adentro hay un polvo resplandeciente. Un polvo brillante en una nube vaporosa. Lo aspiro. No siento nada, no hay ningún efecto. En eso, la molestia... El estómago revuelto, embotado. Me da náusea y comienzo a vomitar. Escupo un líquido rosa, como una gelatina que contiene el mismo polvo brillante.
El líquido va tomando forma, se vuelve una mariposa. Gigante. Instintivamente salto sobre ella y emprendemos el vuelo. Atravesamos el bosque negro, aunque ahora no estoy seguro si es una mariposa y voy volando; o si es una mantarraya y estoy en el mar. No, si estuviera en el mar no podría respirar. Estoy volando.
Mi acompañante me dice que busque, que vea hacia abajo. En el suelo, a mi derecha, está ella. En el suelo, llora sentada sobre sus alas...
Continúa el viaje. Tengo que encontrarla. A la nutria blanca. Sí, debo buscar una nutria blanca. ¿Por qué? Ella me va a decir lo que tengo que hacer. Ya el vuelo es en sí mismo una experiencia liberadora, he alcanzado lugares innatos que no me permitía visitar. La mente me hormiguea.
Mi acompañante me anima a que siga, que llegue a las márgenes del bosque, allá donde está el mar. Lo hago y justo antes de llegar veo un pantano, un pantano con varios troncos tirados, esparcidos a lo ancho del lugar. El cielo sigue gris, amenaza lluvia y hace frío.
Bajamos, aquí es. Allí está ella. Me acerco caminando y sí, es la nutria blanca. Le hablo, le pregunto qué debo hacer. Con una sonrisa, me responde que debo desdoblarme. ¿Desdoblarme? ¿Cómo hago eso? Bueno, lo intento y mi cuerpo se parte, se abre verticalmente como una funda y deja salir un niño! Un niño blanco como la nutria, completamente blanco. Hijo de la luna.
-Preguntále al niño, ¿Qué dice? ¿Qué quiere?- me anima mi acompañante.
El niño me responde. Dice que está bien, gracias. Que llegamos a donde quería y que ya no hay nada que temer. Que lo he cuidado muy bien y me agradece todo. Después de esto, se aleja nadando con la nutria blanca. Mar adentro.
Está saliendo el sol en el horizonte y el día se torna cálido. Una lágrima recorre mi rostro. Es la emoción. La satisfacción del trabajo bien hecho. Sonrío.
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sábado, 19 de junio de 2010
Especial del día: Caldo chino
Otro día de turismo, sentado en el Hon's Wun-Tun House, la recomendación del Lonely Planet para Vancouver. Creo que el restaurante está en el corazón del Chinatown, la calle (Keefer Street) bien podría pasar por alguna calle en la China, con la mayoría de comercios con rótulos en chino y los transeuntes principalmente chinos (aunque aquí, ¿Dónde no hay?).
El menú bastante intimidante, escrito en chino y en inglés, mas de 300 platos para elegir (Esto sí que está en chino!). Y yo que me ataranto cuando tengo muchas opciones...
Primero decido pedir una cerveza "Canadian" para ganar tiempo de decisión. Después a bucear por la carta... Hay Pop Stickers (ni idea de que serán) pero la guía los recomienda. Mmm... creo que son complementos para los platos, así que mejor paso a algo más conocido: las sopas. Hay de todo, de carne, de camarón, de pescado, de cerdo, de pato, de tendón de carne, etc.
La señora que me atiende me trae un vaso con té, los palillos "reglamentarios" y un pequeño recipiente con una cuchara china (de esas plásticas blancas, cortas y algo anchas). y ahora, qué hago con el te? Me lo tomo del vaso, hay que servirlo en otro lado? Bueno, discretamente miro mejor para las otras mesas y me parece que mis colegas comensales han tomado del vaso. Doy dos o tres sorbos y se acerca la mesera (mejor dicho, yo la llamo con la mirada). Me animo a pedir la sopa con cerdo en barbacoa, camarón y dumplings -unos como wantan pero sin las alas- de carne.
Me trae la cerveza: mal comienzo, no está fría. Ni modo, a hacerle ganas. Decido tomarla de la botella (la copa que trajo es plástica y muy rayada, simplemente tiene mal aspecto).
El lugar es amplio e iluminado (mas con el buen día que hizo hoy), con unas siete filas de mesas para 4 o 2 personas. Las sillas de metal negro y el piso con azulejo blanco y gris alterno. Me asignaron una mesa cercana a la calle, y elegí sentarme viendo hacia afuera.
Hey, la señora que entró después que yo ya está comiendo y a mi todavía no me sirven... Ah cabal, aquí viene mi plato.
Los trozos de cerdo vienen hasta arriba de la sopa, comienzo entonces a revolver el plato para que algunos trozos queden hasta abajo. Esto para evitar comer solo fideos al final pues el sabor dulzón de la carne hace un buen contraste. Revuelvo la sopa con los palillos, buscando los camarones. No hay! Ah, entiendo. El famoso dumpling es de camarón y carne. Bueno, ni modo.
Como siempre, me esmero en agarrar los palillos lo mejor que pueda y luego de disfrutar dos o tres rodajas de cerdo, comienzo a sufrir para comerme esos fideos delgaditos, cuesta un poco. Sin embargo creo que ya no soy tan malo para comer con palillos y agarro mi propio ritmo. Cuando me doy cuenta, ya casi termino. Escarbo para encontrar las rodajas de cerdo que queden y veo con satisfacción que me termino todos los fideos del plato.
Puede considerarse esto como un hito gastronómico (je), pues generalmente he dejado bastantes fideos, porque me cansaba de pelearme con la comida. A lo mejor fue la tranquilidad de comer solo y a mi antojo, y darme la libertad de sorberlos un poco...
Ya me trajeron la cuenta. C$ 13.50 incluyendo la chela. Me gustó mi almuerzo, algo cocinado y caliente para variar. Dejé Subway o McDonalds o una sopa Campbells con pan por un día, y sigo conociendo la ciudad. Ahora qué dice la guía? Ah si, al sector de los junkies...
El menú bastante intimidante, escrito en chino y en inglés, mas de 300 platos para elegir (Esto sí que está en chino!). Y yo que me ataranto cuando tengo muchas opciones...
Primero decido pedir una cerveza "Canadian" para ganar tiempo de decisión. Después a bucear por la carta... Hay Pop Stickers (ni idea de que serán) pero la guía los recomienda. Mmm... creo que son complementos para los platos, así que mejor paso a algo más conocido: las sopas. Hay de todo, de carne, de camarón, de pescado, de cerdo, de pato, de tendón de carne, etc.
La señora que me atiende me trae un vaso con té, los palillos "reglamentarios" y un pequeño recipiente con una cuchara china (de esas plásticas blancas, cortas y algo anchas). y ahora, qué hago con el te? Me lo tomo del vaso, hay que servirlo en otro lado? Bueno, discretamente miro mejor para las otras mesas y me parece que mis colegas comensales han tomado del vaso. Doy dos o tres sorbos y se acerca la mesera (mejor dicho, yo la llamo con la mirada). Me animo a pedir la sopa con cerdo en barbacoa, camarón y dumplings -unos como wantan pero sin las alas- de carne.
Me trae la cerveza: mal comienzo, no está fría. Ni modo, a hacerle ganas. Decido tomarla de la botella (la copa que trajo es plástica y muy rayada, simplemente tiene mal aspecto).
El lugar es amplio e iluminado (mas con el buen día que hizo hoy), con unas siete filas de mesas para 4 o 2 personas. Las sillas de metal negro y el piso con azulejo blanco y gris alterno. Me asignaron una mesa cercana a la calle, y elegí sentarme viendo hacia afuera.
Hey, la señora que entró después que yo ya está comiendo y a mi todavía no me sirven... Ah cabal, aquí viene mi plato.
Los trozos de cerdo vienen hasta arriba de la sopa, comienzo entonces a revolver el plato para que algunos trozos queden hasta abajo. Esto para evitar comer solo fideos al final pues el sabor dulzón de la carne hace un buen contraste. Revuelvo la sopa con los palillos, buscando los camarones. No hay! Ah, entiendo. El famoso dumpling es de camarón y carne. Bueno, ni modo.
Como siempre, me esmero en agarrar los palillos lo mejor que pueda y luego de disfrutar dos o tres rodajas de cerdo, comienzo a sufrir para comerme esos fideos delgaditos, cuesta un poco. Sin embargo creo que ya no soy tan malo para comer con palillos y agarro mi propio ritmo. Cuando me doy cuenta, ya casi termino. Escarbo para encontrar las rodajas de cerdo que queden y veo con satisfacción que me termino todos los fideos del plato.
Puede considerarse esto como un hito gastronómico (je), pues generalmente he dejado bastantes fideos, porque me cansaba de pelearme con la comida. A lo mejor fue la tranquilidad de comer solo y a mi antojo, y darme la libertad de sorberlos un poco...
Ya me trajeron la cuenta. C$ 13.50 incluyendo la chela. Me gustó mi almuerzo, algo cocinado y caliente para variar. Dejé Subway o McDonalds o una sopa Campbells con pan por un día, y sigo conociendo la ciudad. Ahora qué dice la guía? Ah si, al sector de los junkies...
viernes, 18 de junio de 2010
Adeus, Saramago
Te fuiste, amigo.
Desde tus escritos repletos de compasión, de preocupación por las prioridades humanas, de indignación porque cómo podemos vivir todavía en un mundo salvaje donde los niños mueren de enfermedades que ya sabemos curar (entonces, ¿Para qué sirve tanto avance?). Desde ahí forjamos una pequeña amistad.
Ya hace unos diez años leí El Evangelio según Jesucristo, me gustó por la forma irreverente (y humana) de tratar al profeta de los cristianos. Te lo agradezco porque nunca lo he sentido más cerca ni tuve mas simpatía por él, como en ese momento. Me gustó y lo quise mucho más así. Tan humano como cualquiera de nosotros. Como en efecto lo fue, al margen de la maquinaria publicitaria. Y así me confirmaste mi desconfianza por las religiones. Cualquiera de ellas. Burdos inventos del hombre.
Mas recientemente, disfruté tu Ensayo sobre la ceguera, esa ceguera metafórica, ese mar de leche en el que estamos inmersos, de la que muy poco nos damos cuenta. Ciego yo también, caminé de la mano de la esposa del médico, angustiado de percibir la descomposición del mundo. Del retorno a las necesidades básicas. De vuelta a nuestra animalización, pues.
La Caverna no me dijo mucho. O talvez me lo dijo todo. La alegoría de la caverna: La liberación de la esclavitud mental, el autoengaño, el engaño por poderes fácticos (gobierno, sociedad, religión, que cada quien le ponga nombre). Matrix.
Finalmente, me acompañaste hasta aquí. Tus escritos en El cuaderno me hicieron compañía durante los primeros días, esos decisivos en que me sentía un poco a la deriva, como náufrago en un mundo inexplorado e inmenso. Y hasta me sentí (magia del internet) colega tuyo, colega bloggero. Ilusiones.
Me recuerdo caminando hacia el lugar donde almorzaba. El día gris, lloviznando y frío y llevando tu libro bajo el brazo. Una vez mas, tu infinita compasión por la humanidad. Gracias por tu compañía.
Hoy leí la noticia. Debe ser la lejanía del hogar o no se que. Pero por un momento se me nublaron los ojos. Sentí que se fue un amigo. Un ser que me compartió su sabiduría de una manera cálida y familiar. Muchas gracias y hasta siempre, Saramago.
Y aquí no queda mas, para dar o recibir,
Y aquí no queda mas, solo morir...
Planeta Hola, Bohemia Suburbana
Desde tus escritos repletos de compasión, de preocupación por las prioridades humanas, de indignación porque cómo podemos vivir todavía en un mundo salvaje donde los niños mueren de enfermedades que ya sabemos curar (entonces, ¿Para qué sirve tanto avance?). Desde ahí forjamos una pequeña amistad.
Ya hace unos diez años leí El Evangelio según Jesucristo, me gustó por la forma irreverente (y humana) de tratar al profeta de los cristianos. Te lo agradezco porque nunca lo he sentido más cerca ni tuve mas simpatía por él, como en ese momento. Me gustó y lo quise mucho más así. Tan humano como cualquiera de nosotros. Como en efecto lo fue, al margen de la maquinaria publicitaria. Y así me confirmaste mi desconfianza por las religiones. Cualquiera de ellas. Burdos inventos del hombre.
Mas recientemente, disfruté tu Ensayo sobre la ceguera, esa ceguera metafórica, ese mar de leche en el que estamos inmersos, de la que muy poco nos damos cuenta. Ciego yo también, caminé de la mano de la esposa del médico, angustiado de percibir la descomposición del mundo. Del retorno a las necesidades básicas. De vuelta a nuestra animalización, pues.
La Caverna no me dijo mucho. O talvez me lo dijo todo. La alegoría de la caverna: La liberación de la esclavitud mental, el autoengaño, el engaño por poderes fácticos (gobierno, sociedad, religión, que cada quien le ponga nombre). Matrix.
Finalmente, me acompañaste hasta aquí. Tus escritos en El cuaderno me hicieron compañía durante los primeros días, esos decisivos en que me sentía un poco a la deriva, como náufrago en un mundo inexplorado e inmenso. Y hasta me sentí (magia del internet) colega tuyo, colega bloggero. Ilusiones.
Me recuerdo caminando hacia el lugar donde almorzaba. El día gris, lloviznando y frío y llevando tu libro bajo el brazo. Una vez mas, tu infinita compasión por la humanidad. Gracias por tu compañía.
Hoy leí la noticia. Debe ser la lejanía del hogar o no se que. Pero por un momento se me nublaron los ojos. Sentí que se fue un amigo. Un ser que me compartió su sabiduría de una manera cálida y familiar. Muchas gracias y hasta siempre, Saramago.
Y aquí no queda mas, para dar o recibir,
Y aquí no queda mas, solo morir...
Planeta Hola, Bohemia Suburbana
miércoles, 16 de junio de 2010
La Culebra
Eran las 19:22 del lunes recién pasado. Vancouver. O raincouver, por eso de que llueve mucho. Y sí, es cierto. El cielo gris, lloviznita, lloviznota; pero en este mes no he visto lluvia gorda. De esa que tenemos en el trópico. De esa no.
De repente, todo comenzó. Un ruido fuera de mi habitación de sótano, ahí por la ventana cercana al escritorio. Apago la música y me concentro en descifrarlo. Si, está lloviendo. Otra vez. Solo que ahora fue diferente.
Se oía un murmullo, un tipo de conmoción allá afuera. Qué raro, y peor aquí con estos chinos que ni bulla hacen... Abro la ventana y no veo nada extraño. Las casas enfrente, el cielo cargado de nubes grises y el frío. Ese frío metálico como guante de agujas.
Abro mi puerta, subo las gradas con los zapatos en la mano (ya saben que por la alfombra, no ando con zapatos dentro de la casa); me los pongo y salgo a la calle. La gente señala hacia el oeste... fue por allá, dicen.
Volteo a donde apuntan pero no veo nada. Camino hacia allá. Dos o tres cuadras, más gente saliendo a sus puertas, el murmullo sube de tono, ahora vociferan... Otros gritan. Sí, fue hacia allá, hacia el oeste! Camino rápido. Ahora mejor corro. Comienzo a correr.
Cinco, seis cuadras. Allá, fue por allá..! Ya estoy agitado, corriendo, empujado por la angustia ajena. Detrás de mi vienen otros, todos vamos a verlo.
Hay que apurarse! Se va a escapar! Esto se está convirtiendo en psicosis. Sigo corriendo. Ya me estoy cansando, me hubiera traído los tenis.
Nueve cuadras, parecen de hule. Sigue el frío. Sí, ahí está, ahí lo tienen!
Un callejón, hacia la izquierda. Una muchedumbre está ya reunida. Lo tienen arrinconado. En un garaje vacío de una casa de madera.
Me acerco y no veo nada. ¿Será que me meto entre la gente? Sí, ahí voy! Todos hablan, lo señalan. Todos lo miran con espanto. Yo también quiero ver! ¿Qué les pasa? ¿Qué es esto?
Apenas alcancé a vislumbrarlo. Su cuerpo esbelto y enroscado como de serpiente eléctrica, cuando en eso: el sonido... Un estampido. Ensordecedor. Violento. Me deja sordo y el luzaso me ciega. Retrocedo. Huyo. Huímos, despavoridos. Con la piel erizada y más asustado que nunca... Por la gran puta..! Qué fuerza..! Qué poder alucinante..!
Recupero la conciencia a las dos, tres cuadras. Dejo de correr... Paro. Respiro. Suspiro. Sí, eso era. Después de tanta llovizna, de tanta lluvia, por fin lo vi. Lo oí. El primer rayo. Mi primer relámpago en la ciudad. Y solo fue uno, no volví a oír mas. Qué raro.
De repente, todo comenzó. Un ruido fuera de mi habitación de sótano, ahí por la ventana cercana al escritorio. Apago la música y me concentro en descifrarlo. Si, está lloviendo. Otra vez. Solo que ahora fue diferente.
Se oía un murmullo, un tipo de conmoción allá afuera. Qué raro, y peor aquí con estos chinos que ni bulla hacen... Abro la ventana y no veo nada extraño. Las casas enfrente, el cielo cargado de nubes grises y el frío. Ese frío metálico como guante de agujas.
Abro mi puerta, subo las gradas con los zapatos en la mano (ya saben que por la alfombra, no ando con zapatos dentro de la casa); me los pongo y salgo a la calle. La gente señala hacia el oeste... fue por allá, dicen.
Volteo a donde apuntan pero no veo nada. Camino hacia allá. Dos o tres cuadras, más gente saliendo a sus puertas, el murmullo sube de tono, ahora vociferan... Otros gritan. Sí, fue hacia allá, hacia el oeste! Camino rápido. Ahora mejor corro. Comienzo a correr.
Cinco, seis cuadras. Allá, fue por allá..! Ya estoy agitado, corriendo, empujado por la angustia ajena. Detrás de mi vienen otros, todos vamos a verlo.
Hay que apurarse! Se va a escapar! Esto se está convirtiendo en psicosis. Sigo corriendo. Ya me estoy cansando, me hubiera traído los tenis.
Nueve cuadras, parecen de hule. Sigue el frío. Sí, ahí está, ahí lo tienen!
Un callejón, hacia la izquierda. Una muchedumbre está ya reunida. Lo tienen arrinconado. En un garaje vacío de una casa de madera.
Me acerco y no veo nada. ¿Será que me meto entre la gente? Sí, ahí voy! Todos hablan, lo señalan. Todos lo miran con espanto. Yo también quiero ver! ¿Qué les pasa? ¿Qué es esto?
Apenas alcancé a vislumbrarlo. Su cuerpo esbelto y enroscado como de serpiente eléctrica, cuando en eso: el sonido... Un estampido. Ensordecedor. Violento. Me deja sordo y el luzaso me ciega. Retrocedo. Huyo. Huímos, despavoridos. Con la piel erizada y más asustado que nunca... Por la gran puta..! Qué fuerza..! Qué poder alucinante..!
Recupero la conciencia a las dos, tres cuadras. Dejo de correr... Paro. Respiro. Suspiro. Sí, eso era. Después de tanta llovizna, de tanta lluvia, por fin lo vi. Lo oí. El primer rayo. Mi primer relámpago en la ciudad. Y solo fue uno, no volví a oír mas. Qué raro.
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